Actualizaciones de Coronavirus (Español)

  •           Misa Diaria 

  • ¿No puedes ir a la confesión durante el coronavirus? El Papa Francisco tiene una sugerencia ...

    Homilía del Papa Francisco en Santa Marta. Viernes, 20 de marzo de 2020

    Es muy claro: si no encuentras un sacerdote para confesarte, habla con Dios, es tu padre, y dile la verdad: “Señor he cometido esto, esto, esto…, perdóname”, y pídele perdón con todo el corazón, con el Acto de contrición y prométele: “Después me confesaré, pero perdóname ahora”.

    Ayer recibí un mensaje de un sacerdote del bergamasco que pide que rece por los médicos de Bérgamo, Treviglio, Brescia y Cremona, que están al límite de trabajo; están dando su propia vida para ayudar a los enfermos, para salvar la vida de los demás. Y también rezamos por las autoridades; para ellos no es fácil gestionar este momento y muchas veces sufren incomprensiones. Los médicos, el personal sanitario, los voluntarios de la salud o las autoridades, en este momento son columnas que nos ayudan a salir adelante y nos defienden en esta crisis. Recemos por ellos.

    Homilía

    Cuando leo o escucho este pasaje del Profeta Oseas que hemos oído en la Primera Lectura (Os 14,2-10), «vuelve, Israel, al Señor tu Dios», cuando lo oigo, me viene a la memoria una canción que cantaba hace 75 años Carlo Buti y que en las familias italianas de Buenos Aires se escuchaba con mucho gusto: “Vuelve con tu papá. La canción de cuna te cantará”. Vuelve: pero es tu papá quien te dice que vuelvas. Dios es tu papá; no es el juez, es tu papá: “Vuelve a casa, escucha, ven”. Y ese recuerdo –yo era pequeño– me lleva enseguida al papá del capítulo 15 de Lucas (15,20) que dice: «Vio venir al hijo de lejos», a aquel hijo que se había ido con todo el dinero y lo había desperdiciado. Y si lo vio de lejos es porque lo esperaba. Subía a la terraza –¡cuántas veces al día!– durante días, meses, quizá años, esperando al hijo. Lo vio de lejos. Vuelve a tu papá, regresa a tu Padre. Él te espera. Es la ternura de Dios que nos habla, especialmente en la Cuaresma. Es el tiempo de entrar en nosotros mismos y recordar al Padre o volver al papá.

    “No, padre, yo tengo vergüenza de volver porque… Usted sabe padre, yo he hecho tantas…, he cometido tantas…”. ¿Qué dice el Señor? Vuelve, «curaré su deslealtad, los amaré generosamente, porque mi ira se apartó de ellos. Seré para Israel como rocío, florecerá como lirio, echará sus raíces como los cedros del Líbano». Vuelve a tu padre que te espera. El Dios de la ternura nos curará; nos curará de tantas, muchas heridas de la vida y de tantas cosas feas que hayamos cometido. ¡Cada uno tiene las suyas!

    Pensar esto: volver a Dios es volver al abrazo, al abrazo del padre. Y pensar en aquella otra promesa que hace Isaías (1,18): «Aunque vuestros pecados sean como escarlata, quedarán blancos como nieve». Él es capaz de transformarnos, es capaz de cambiar el corazón, pero hay que dar el primer paso: volver. No es ir a Dios, no: es volver a casa. Y la Cuaresma siempre apunta a esa conversión del corazón que, en la costumbre cristiana, toma cuerpo en el sacramento de la Confesión. Es el momento –no sé si “ajustar cuentas”, no me gusta eso– para dejar que Dios nos blanquee, que Dios nos purifique, que Dios nos abrace.

    Yo sé que muchos de vosotros, por Pascua, vais a confesaros para reencontraros con Dios. Pero muchos me dirán hoy: “Padre, ¿dónde puedo encontrar a un sacerdote, a un confesor, porque no se puede salir de casa? Y quiero hacer las paces con el Señor, quiero que Él me abrace, que mi papá me abrace… ¿Qué puedo hacer si no encuentro sacerdotes?”. Tú haz lo que dice el Catecismo (n. 1457)

    [1]. Es muy claro: si no encuentras un sacerdote para confesarte, habla con Dios, es tu padre, y dile la verdad: “Señor he cometido esto, esto, esto…, perdóname”, y pídele perdón con todo el corazón, con el Acto de contrición y prométele: “Después me confesaré, pero perdóname ahora”. Y enseguida volverás a la gracia de Dios. Tú mismo puedes acercarte, como nos enseña el Catecismo, al perdón de Dios sin tener a mano un sacerdote. Pensadlo: ¡es el momento! Y este es el momento justo, el momento oportuno. Un Acto de contrición bien hecho, y así nuestra alma se volverá blanca como la nieve.
    Sería bonito que hoy, en nuestros oídos, resonase este “vuelve, vuelve a tu papá, vuelve a tu padre”. Te espera y te hará una fiesta.
     

    Comunión espiritual

    A tus pies, Jesús mío, me postro y te ofrezco el arrepentimiento de mi corazón contrito que se humilla en su nada y en tu santa presencia. Te adoro en el Sacramento de tu amor, deseo recibirte en la pobre morada que te ofrece mi corazón. En espera de la felicidad de la comunión sacramental, quiero poseerte en espíritu. Ven a mí, Jesús mío, que yo vaya a ti. Que tu amor inflame todo mi ser, para la vida y para la muerte. Creo en ti, espero en ti, te amo.

    [1] 1457. Según el mandamiento de la Iglesia “todo fiel llegado a la edad del uso de razón debe confesar, al menos una vez la año, fielmente sus pecados graves” (CIC can. 989; cf. DS 1683; 1708). “Quien tenga conciencia de hallarse en pecado grave que no comulgue el Cuerpo del Señor sin acudir antes a la confesión sacramental (cfr. DS 1647, 1661) a no ser que concurra un motivo grave y no haya posibilidad de confesarse; y, en este caso, tenga presente que está obligado a hacer un acto de contrición perfecta, que incluye el propósito de confesarse cuanto antes” (CIC can. 916; CCEO can. 711). Los niños deben acceder al sacramento de la Penitencia antes de recibir por primera vez la Sagrada Comunión (CIC can. 914). (ndt: negrita nuestra).
     

  • Actualizaciones de  la Iglesia de San Miguel 


    (A partir del 17 de marzo de 2020)

    A partir del lunes 16 de marzo, y hasta nuevo aviso, todas las misas públicas serán CANCELADAS, pero las misas con intenciones se celebrarán en privado a diario por los sacerdotes de la parroquia. Los feligreses que tengan preguntas o inquietudes pueden comunicarse con la Oficina de la Rectoría llamando a la 718-768-6065 (lunes a viernes de 9am a 9pm y sábados de 9 am a 5pm). 

    El obispo Nicholas DiMarzio, obispo de Brooklyn ha dispensado a todos los católicos en Brooklyn y Queens de la obligación de asistir a la misa dominical (obligación de asistir a misa los domingos) hasta nuevo aviso.

    TODAS LAS CLASES DE EDUCACIÓN RELIGIOSA, CLASES DE FORMACIÓN DE FE ADULTOS,
    CLASES RICA, GRUPOS JUVENILES, POR QUÉ SER CATÓLICO Y LAS REUNIONES DE LA PARROQUIA SE CANCELAN.


     

    DECLARACIÓN OFICIAL DE LA DIÓCESIS DE BROOKLYN

    IGLESIAS Y LITURGIA

    En un esfuerzo por ser proactivos en nuestra respuesta a la propagación del Virus Covid 19, el obispo DiMarzio ha dispensado a los fieles de la obligación de asistir a la misa dominical hasta nuevo aviso. Esta dispensación permanecerá en vigor hasta nuevo aviso. 


    Al reunirse, se insta a los fieles a tomar las precauciones necesarias, como lavarse las manos, permanecer a una distancia segura de los demás y otras prácticas seguras, como la recepción de la Santa Comunión en la mano.

    PROGRAMAS DE EDUCACIÓN RELIGIOSA

    Todas las clases de educación religiosa parroquial en persona, todas las clases de ministerio juvenil y reuniones de grupo (incluidas todas las actividades de CYO) y todas las sesiones de formación de fe de adultos (incluyendo RENEW y otros pequeños grupos de intercambio de fe) se cancelarán hasta nuevo aviso. Como se ha indicado anteriormente, todas las clases, eventos, talleres y otras reuniones de la Secretaría de Evangelización y Catequesis también se cancelan durante este período.

    La salud de todos los fieles de la Diócesis es de suma preocupación, así que sigamos orando al Señor que es sanador para que nos proteja y ponga fin rápidamente a esta crisis actual.

  •    Reflexión Diaria de la       Parroquia de San Miguel 

                 Viernes, 3 de Abril, 2020

      las lecturas del dia se pueden encontrar            ---------------------------------------------->
    Muy buenos/as días/tardes amadísimos/(as)        hermanos/(as) en Cristo y María,

    « ¿Por cuál de esas obras queréis apedrearme?»

    Ciertamente Jeremías tenía muchos enemigos que se oponían a su predicación y con ello, a que se realizara la voluntad de Dios. Hoy nosotros podríamos decir que tenemos un solo enemigo y es nuestro pecado, es todo aquello que, como en tiempos del profeta, se opone a que el Reino de los cielos se establezca, primeramente en nuestro corazón y después en todo nuestro entorno. Es una lucha iniciada en el paraíso y que continúa en nosotros hasta el último de nuestros días. 
     
    Sin embargo, a diferencia del caso de Jeremías, nuestro enemigo ha sido ya vencido por Cristo. Si todavía tiene poder en nuestra vida y en nuestra sociedad, es porque muchas veces nuestra adhesión a Cristo es sólo parcial y no total. Aprópiate de la victoria de Cristo. Esta es la única oportunidad de que, vencido nuestro enemigo, vivamos en la paz y la alegría de Dios. 
     
    Hoy viernes, cuando sólo falta una semana para conmemorar la muerte del Señor, el Evangelio nos presenta los motivos de su condena. Jesús trata de mostrar la verdad, pero los judíos lo tienen por blasfemo y reo de lapidación. Jesús habla de las obras que realiza, obras de Dios que lo acreditan, de cómo puede darse a sí mismo el título de “Hijo de Dios”... Sin embargo, habla desde unas categorías difíciles de entender para sus adversarios: “estar en la verdad”, “escuchar su voz”...; les habla desde el seguimiento y el compromiso con su persona que hacen que Jesús sea conocido y amado —«Maestro, ¿dónde vives?», le preguntaron los discípulos al inicio de su ministerio (Jn 1,38)—. Pero todo parece inútil: es tan grande lo que Jesús intenta decir que no pueden entenderlo, solamente lo podrán comprender los pequeños y sencillos, porque el Reino está escondido a los sabios y entendidos.
     
    Jesús lucha por presentar argumentos que puedan aceptar, pero el intento es en vano. En el fondo, morirá por decir la verdad sobre sí mismo, por ser fiel a sí mismo, a su identidad y a su misión. Como profeta, presentará una llamada a la conversión y será rechazado, un nuevo rostro de Dios y será escupido, una nueva fraternidad y será abandonado.
     
    De nuevo se alza la Cruz del Señor con toda su fuerza como estandarte verdadero, como única razón indiscutible: « ¡Oh admirable virtud de la santa cruz! ¡Oh inefable gloria del Padre! En ella podemos considerar el tribunal del Señor, el juicio del mundo y el poder del crucificado. ¡Oh, sí, Señor: atrajiste a ti todas las cosas cuando, teniendo extendidas todo el día tus manos hacia el pueblo incrédulo y rebelde (cf. Is 65,2), el universo entero comprendió que debía rendir homenaje a tu majestad!» (San León Magno). Jesús ha de huir al otro lado del Jordán y quienes de veras creen el Él se trasladan allí dispuestos a seguirle y a escucharle.
     
    Les bendice en Jesús Buen Pastor
    Su hermano
    Padre Edvard Jeudy